Hay una imagen de los Dolomitas que circula por todo internet. Una iglesia de cúpula oscura, rodeada de prados verdes, con un telón de fondo de agujas de roca que parecen sacadas de otro mundo. Esa imagen es Val di Funes. Y en persona es todavía mejor.
Val di Funes es uno de esos lugares que cuando lo ves en foto piensas que es editada. Que nadie ha retocado el contraste, que el verde no puede ser tan verde ni las rocas tan verticales ni el conjunto tan perfecto. Y luego llegas, y es exactamente así. Sin filtros. Sin edición. Sin trampa.
Lo que hace único a este valle es la combinación de elementos: praderas alpinas exuberantes, un pueblo con una iglesia de postal y, al fondo, el grupo montañoso Odle, un conjunto de agujas de roca vertical de más de 3.000 metros que parece diseñado para intimidar y fascinar a partes iguales. El contraste entre lo verde del valle y lo gris oscuro de las rocas es lo que crea esa imagen que se te queda grabada.
Santa Magdalena: donde empieza todo
La ruta comienza en Santa Magdalena, un pequeño pueblo en el corazón de Val di Funes. Llegas en coche por una carretera que ya de por sí merece la pena: el valle se va abriendo poco a poco y los primeros planos del Odle empiezan a aparecer antes de que hayas aparcado.
La iglesia de Santa Magdalena
Lo primero que visitas es la iglesia de Santa Magdalena, la de la foto de postal. En persona tiene incluso más encanto que en las imágenes: el cementerio que la rodea, el silencio del lugar, la manera en que las montañas del Odle aparecen en el fondo independientemente de donde te pongas a fotografiarla. Es una de esas escenas que convierte a cualquier persona en fotógrafo por un momento.
El pueblo en sí también merece un paseo. Casas de piedra y madera, jardines con flores en temporada, granjas en funcionamiento. Es el tipo de pueblo que te hace entender por qué la gente decide parar y quedarse más tiempo del previsto.
Acceso a Santa MagdalenaValle de Funes (Villnöss), Alto Adigio, Italia · La carretera de acceso al fondo del valle puede tener restricciones de tráfico en verano · Parking disponible en el pueblo · Temporada recomendada: mayo - octubre
El sendero hacia el Refugio Odle: la excursión del día
El sendero que sube desde Santa Magdalena hasta el Refugio Odle es uno de los más bonitos de todo el Alto Adigio. Está muy bien marcado desde el principio: no hay pérdida posible. El camino sube de manera constante entre bosques de pino y abeto, praderas alpinas y vistas cada vez más amplias del valle que vas dejando atrás.
La primera hora: el bosque
Los primeros 45 minutos de caminata transcurren principalmente entre árboles. El bosque es denso, fresco incluso en verano, y tiene esa tranquilidad particular que solo se encuentra en los bosques alpinos. Es el tipo de camino que te hace respirar más profundo de manera automática.
A medida que ganas altura, los árboles empiezan a espaciarse y el paisaje se abre. Y es aquí donde las vistas hacia el Odle empiezan a hacerse presentes: primero como insinuaciones entre las copas de los pinos, luego como protagonistas absolutos del horizonte.
El sendero está bien marcado, pero es largo
El camino no tiene complicaciones técnicas. No hay zonas expuestas, no hay agarraderas, no hay nada que requiera más que calzado cómodo y paciencia. Lo que sí tiene es cuesta continua hacia arriba durante casi toda la subida. La pendiente no es brutal, pero es constante, y eso se nota en las piernas a partir de la segunda hora.
El consejo es caminar sin prisa. Pararte cada 20 o 30 minutos a mirar las vistas no es perder el tiempo: es exactamente para lo que has venido. Además, en temporada alta vas a cruzarte con otros senderistas y la cordialidad en el camino es algo que se agradece.
⚠️ Lleva comida y agua suficiente: El Refugio Odle tiene cocina, pero subir con agua y algo de comida de reserva siempre es buena idea. La bajada toma tanto tiempo como la subida, así que calcula bien las provisiones para el día completo.
La llegada al Refugio Odle: el momento que lo cambia todo
La subida dura aproximadamente hora y media o dos horas dependiendo del ritmo. No te voy a mentir: es larga y con cuesta continua. Pero cuando llegas al Refugio Odle y lo que tienes delante es el grupo montañoso Odle a pocos cientos de metros, con sus agujas de roca elevándose sobre praderas alpinas y hamacas de madera colocadas en la terraza del refugio...
Hay momentos que no se pueden explicar. Este es uno de ellos. Siéntate, descansa, pide algo en el refugio si quieres. Y simplemente mira. Porque pocas veces en la vida vas a tener algo así delante.
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